Reforma para la confianza
(del blog "En el mismo barco" pedrosanchezcastejon.blogspot.com/2011/.../articulos-sobre-la-estabilidad)
Agosto ha sido un mal mes para la economía internacional. Las alarmas han vuelto a saltar a ambos lados del atlántico, y los más agoreros avisan del riesgo de una nueva recesión. No creo que sea el caso, pero para afrontar tales riesgos debemos redoblar nuestros esfuerzos. La reforma que constitucionaliza el principio de estabilidad presupuestaria, refuerza la confianza de un país que cumple con sus obligaciones.
Si inédita es la situación que atraviesa la economía internacional, y extraordinaria la reforma de una Constitución que no nos hemos atrevido a reformar antes -pese a la evidente necesidad de revisión en algunos de sus preceptos-, el principio de estabilidad presupuestaria no lo es tanto. Nuestra legislación está repleta de estabilidades: la Ley de Estabilidad Presupuestaria de 2006, y el Tratado de la Unión Europea que recoge como elemento principal el Pacto de Estabilidad y Crecimiento que fija los objetivos de déficit y deuda pública a los que España debe ajustarse como Estado Miembro. De hecho, el Gobierno de España está obligado a presentar en Bruselas Planes de Estabilidad donde se concretan los objetivos presupuestarios en el corto y medio plazo. Así pues, la reforma eleva de rango un principio ya recogido en nuestra legislación.
La estabilidad que se constitucionaliza es el equilibrio del saldo estructural: la estabilidad presupuestaria a lo largo del ciclo. Controlar el déficit estructural significa que, a la hora de salir al terreno de juego para compensar la caída de un sector privado en apuros, el Estado lo haga a pleno pulmón y no lesionado. La respuesta del Estado será más eficiente y garantizará la equidad entre generaciones. El superávit presupuestario acumulado en épocas de bonanza dará margen para responder a los déficit provocados en las crisis, sin recurrir al elevado endeudamiento. El acuerdo entre PP y PSOE de equilibrar el saldo estructural centrará el debate político entre la izquierda y derecha en lo sustancial: la composición de ingresos y el gasto público. Diferencias que ya observamos en los recortes que los gobiernos regionales del PP realizan: menos déficit recortando las partidas de educación y salud. Mientras, el gobierno central ha aumentado el presupuesto de esas mismas políticas. Constitucionalizamos un principio de buen gobierno. Tanto en el momento elegido como por las innovaciones en la lucha contra el déficit, la reforma constitucional refuerza la confianza en nuestra economía.
Artículo publicado en el diario Expansión (3 de agosto 2011)
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